Deportes/ NBA | VICTORIA AGÓNICA EN LA PRÓRROGA (91-99)
Los Lakers vislumbran el anillo... de milagro
- El veterano Fisher fue clave, con dos triples que rescataron a su equipo
- Gasol, agredido por Pietrus en la última jugada, firmó 16 puntos y 10 rebotes
- En la prórroga, Kobe Bryant vivía empeñado en apoderarse del papel de héroe
El veterano Fisher fue el protagonista del encuentro. (Foto: AFP)
ORLANDO.- Si en el baloncesto se gastasen los ERE y las prejubilaciones, Derek Fisher ya no jugaría en los Lakers ni su equipo tendría apalabrado el anillo de la NBA, un logro de más pronto que tarde, gracias a un 'viejo' de 34 años y 40 triples. [Narración].
Importa lo segundo, una cifra que le sitúa a dos pasos de alcanzar a Jordan, a 13 de Horry, líder desde la distancia en la historia de las finales de la NBA. La de 2009 se decanta, casi definitivamente una vez sellado el 3-1. A una victoria queda el anillo número 15 de la franquicia angelina, por obra y milagro de Fisher, que ya ganó tres títulos (2000-2002).
Milagro es que ganasen los visitantes, que a 39 segundos caían por cinco puntos y no tenían ni el balón. Pero falló Lewis, Fisher tomó el rebote, se lo dio a Bryant, que corrió al otro aro y asistió a Pau Gasol. En la siguiente acción, Howard falló dos tiros libres y dejó abierta la opción del empate con 10.4 para el desenlace. En esa tesitura le llegó el balón a Fisher. Nelson podría haberle frenado en falta, evitando la opción de la prórroga. A cámara lenta, que nunca fue rápido y menos a la vejez, el base angelino apuntó en diagonal. Campanazo, el triple 39 de su carrera en las finales. Aún llegaría el 40.
En la prórroga, Kobe Bryant vivía empeñado en apoderarse del papel de héroe. Después de malgastar tres ataques consecutivos, en acciones forzadas, el escolta entendió los beneficios de doblar el balón. Fisher la agarró en la frontal. Campanazo 40, 91-94 en el marcador, de muerte y desesperación para los Magic. Dispuso Fisher y ejecutó Gasol, en dos contraataques. En el segundo, Pietrus decidió expulsar su rabia, venida del error en el tiro que, a falta de cuatro segundos para el final del encuentro, habría evitado la prórroga. El francés se desahogó con una agresión, con nocturnidad, mucha (pasadas las 0.00 horas en Orlando), y alevosía, absoluta, por la espalda. El español sumó desde los libres su punto 16 y embelleció la estadística de su peor partido de la final. Especialmente, en la primera parte, cuando casi nadie andaba recto en su equipo.
También se podría decir que, en ese tiempo, los Lakers rozaron la perfección. Querían hacerlo mal y les salió fatal. Impecable. No se pueden cometer tantos atropellos sin voluntad de errar. Si se pasea por el campo de batalla al descanso, se observa a todos sus jugadores abatidos. Bryant aún respiraba, el resto ni resuello. Su equipo maldecía un 33% en tiros de campo, sólo un triple en 10 intentos y unos vergonzosos 14 rebotes, tantos como los tomados por un único rival, Dwight Howard. Sin anotar, el pívot había sacudido el partido, y cuando se incorporó a la anotación, con un gancho con la izquierda y un segundo con la diestra, los Magic colocaron la máxima distancia (47-35, min. 23).
El desastre de los Lakers, inapetentes, de brazos caídos, nació con el partido. En el primer cuarto, Kobe contra todos aguantó a su equipo. Trece puntos suyos, siete de sus compañeros. Sus aliados eran enemigos. No estaban, tampoco el español, en sus peores minutos de la final, y pronto cargado con dos faltas. Ocurrió en el minuto nueve, cinco después de que Bynum también viese la segunda.
Demasiado pronto, Phil Jackson tuvo que comenzar a improvisar variantes desconocidas. En 16 minutos, ya habían pasado por la pista sus 12 jugadores. El carrusel no suponía ningún repunte. Apenas Gasol se entonó en el segundo parcial, aunque su inconsistencia defensiva era manifiesta, por primera vez, frente a Howard, el señor de un encuentro que al descanso parecía muerto, pese a un marcador accesible a cualquier alternativa.
Inmejorable noticia para los angelinos, conversos en el descanso. Devotos de la pereza, se afiliaron al esfuerzo. No habían defendido, y defendieron todo, dejando al rival en 14 puntos en el tercer cuarto. No habían dado con el aro, y ahora lo desgastaron, con 30 tantos en ese periodo. Dominaron el rebote (14-9), Gasol domesticó a Howard y voltearon el partido. Ariza, paradigma del desastre de la primera mitad, cero puntos, hizo 13 en el tercer cuarto, siete de ellos sumados en un 0-9 que incluía la cuarta personal de Turkoglu y alumbraba otro partido, de corriente continúa hasta que Pietrus puso orden (76-75, a 5:38 de la conclusión).
Golpe va, golpe viene, durante los siguientes tres minutos nada sustancial ocurrió, hasta que Turkoglu dio su último grito en un encuentro tremendo. También él merecería que le entregasen el anillo. Cinco puntos consecutivos parecían quebrar un choque que Howard no finiquitó desde los libres y Fisher remodeló desde el triple. Experiencia, la facultad que va de los 23 del pívot a los 34 del base.
elmundo.es



