Opinión
Agarraditos, que nos vamos

Por MIGUEL Ranchal
Con los calendarios, hay cambios de hojas convencionales y otros que casi tienen el mismo predicamento. Y si un nuevo ciclo comienza tras la Nochevieja, el último día de agosto nos trae el año nuevo oficioso, el que quizá mejor se adapta a los nuevos proyectos, guardando la estela del tiempo escolar. Enlazando, la liturgia del paseo marítimo con la lúdica diversión de los niños, me acuerdo de un tío vivo situado en la playa de los cordobeses. Y mientras uno hace retén aguardando la circular felicidad de los críos, escucha por la megafonía de la atracción una voz edulcorada: agarraditos, que nos vamos.
Parece que esa infantil advertencia encaja perfectamente en las inquietudes del otoño que nos aguarda. Vienen aguas bravas en una sociedad asentada sobre la depresión y que se pertrecha ante la próxima oleada de la gripe A. Prefiero, como el chiste de los remeros del César, empezar por las noticias malas. Presiento que el calendario de vacunaciones de la nueva gripe y ese 40% asignado sobre el total de la población calibra nuestro lugar en el mundo: un mes después de los franceses y la dosis que corresponde a nuestro potencial. También se pergeñan ciertos codazos en las prelaciones de las vacunas, y la fuerza del colectivo de la enseñanza --bien está proteger a las embarazada maestras, pero mejor todavía a las embarazadas del sector sanitario--. Las noticias buenas nos la insufla el sentido común: el hemisferio sur ha pasado su invierno sin vacunaciones ni altos índices de mortalidad. Y las medidas terapéuticas y de coordinación, incluidos los planes de actuación de las empresas, se están enfocando correctamente. Esperemos que la primera dosis inoculada sea la de la sensatez.



