Opinión
Viraje político en Japón
los resultados de las elecciones legislativas en Japón y el triunfo arrollador del Partido Democrático (PDJ) constituyen un hito histórico que pone fin a medio siglo de Gobierno casi ininterrumpido del Partido Liberal Democrático (PLD), que se creía eterno, incapaz de superar los graves problemas que mantienen estancada a la segunda economía del mundo. La nación se halla aún a la espera de un nuevo impulso, casi dos décadas después de que el modelo fundado en las frenéticas e imbatibles exportaciones ofreciera los primeros síntomas de agotamiento para entrar en un largo periodo de recesión. Con el triunfo del PDJ culmina la hercúlea tarea de crear una alternativa en un sistema clientelar y burocrático. La debilidad de los vencedores radica en su amalgama de personalidades, que van desde la derecha y el centro hasta la izquierda más moderada, sin otra ideología que el pragmatismo, bajo la batuta de Yukio Hatoyama, nieto del fundador de una de las dinastías políticas. Serán necesarios más elecciones y un debate profundo en la sociedad japonesa para consolidar la alternancia de poder. Aunque se trata de un cambio sistémico, no se espera un viraje radical en la economía, ni propuestas innovadoras como la de admitir más inmigrantes o elevar los impuestos para reducir la carga del déficit público, pero parecen inevitables una revisión diplomática, pausada pero firme, para mejorar las relaciones con todos los países de Asia, con China a la cabeza. El eje geopolítico se trasladaría al fin del Atlántico al Pacífico.




